Volemos en otoño para sentir ese aire frío y cálido al mismo tiempo. Escabullemos para que nadie nos encuentre, dejemos todo tirado y vámonos a ese país de nuestros sueños, donde solo existía gente en bicicleta, arboledas, animales y el sol luchando contra las nubes.
Introducirse en aquella fotografía de nuestra vida y hundirse en aquel mar de la foto para luego chocar contra el cielo y vivir eternamente tomados de la mano, nuestras miradas fijas y nuestros estómagos con mil mariposas volando dentro.
Dentro de un sueño nos gustaría vivir, pero de vez en cuando hay que aterrizar. Sea lo que sea lo que este destino incierto nos tenga predestinado y sigamos volando dentro de nuestros sueños, quizás así encontremos la misma banca en la que nuestra historia comenzó.
Introducirse en aquella fotografía de nuestra vida y hundirse en aquel mar de la foto para luego chocar contra el cielo y vivir eternamente tomados de la mano, nuestras miradas fijas y nuestros estómagos con mil mariposas volando dentro.
Dentro de un sueño nos gustaría vivir, pero de vez en cuando hay que aterrizar. Sea lo que sea lo que este destino incierto nos tenga predestinado y sigamos volando dentro de nuestros sueños, quizás así encontremos la misma banca en la que nuestra historia comenzó.



